III Domingo de Adviento - 11 de diciembre de
2011
Parroquia de Fátima - Monterrey, N.L.
Rosa
El III Domingo de
Adviento es el “domingo de la alegría”. Bastan
tres frases de la liturgia de hoy para notarlo: “Me alegro en el Señor con toda
el alma y me lleno de júbilo en mi Dios”, dice Isaías en la primera lectura. El
salmo, recogiendo el canto del Magnificat
de la Virgen María, dice: “Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de
júbilo en Dios, mi Salvador”. Y en la segunda lectura, san Pablo nos exhorta:
“Vivan siempre alegres”. Me parece muy sugestivo que, para expresar esta
invitación a la alegría, la Iglesia vista a sus sacerdotes de rosa en este día.
Y de rosa intenso, casi fucsia, como pueden ver. El rosa no es un color
primario. Los colores primarios son el rojo, el azul y el amarillo. El rosa es
un color secundario. Se obtiene combinando el rojo con el blanco. Así también
la alegría –al menos la alegría cristiana–, no es un “sentimiento primario”. Es
la combinación de varios “colores invisibles” de orden humano, moral y espiritual.
Cuáles son estos colores, nos lo dirá el buen Juan Bautista con su testimonio
en el Evangelio de hoy.

