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lunes, 1 de noviembre de 2010

EL ÁRBOL DE ZAQUEO.

XXXI Domingo del Tiempo Ordinario
31 de octubre de 2010
Parroquia de Ntra. Sra. de Fátima
San Pedro Garza García, N.L.


Todos hemos necesitado alguna vez un árbol donde subir. De niño, mis hermanos y yo íbamos a la “tiendita”, a unas cuadras de casa. Tenía su emoción: en el trayecto había un perro bravo. Afortunadamente había un árbol…

domingo, 31 de octubre de 2010

EN EL CORAZÓN DE LA MISIÓN

XXX Domingo del Tiempo Ordinario
24 de octubre de 2010
Parroquia de Ntra. Sra. de Fátima
San Pedro Garza García, N.L.

En el Domingo Mundial de las Misiones, la Iglesia reflexiona sobre el sentido, la necesidad y los frutos de su misión. De hecho, en este domingo, la Iglesia publica tradicionalmente sus estadísticas:
  • 1,165,714,000 católicos en el mundo (de una población mundial de casi 6,700 millones de habitantes): 17.4%
  • Sacerdotes en el mundo: 409,166.
  • Habitantes por sacerdote: ~13,000

La esencia de la misión es el amor: dar a conocer el amor de Dios a los hombres. ¡El mundo tiene necesidad de ese amor! Ese amor se lleva en el corazón, o no se lleva. Por eso, en esta homilía, nos vamos a preguntar tres cosas:
o   ¿Qué significa la misión para el corazón de Dios?
o   ¿Qué significa la misión para el corazón de la Iglesia?
o   ¿Qué significa la misión para tu corazón?

domingo, 5 de septiembre de 2010

Sensualidad y Soberbia

El desequilibrio original


El ser humano es complejo. Mucho más que un sofisticado reloj suizo de alta precisión. Alma y cuerpo, genética y educación, temperamento y experiencia, naturaleza y gracia, todo contribuye a que la persona humana sea en verdad única, inédita, irrepetible e impredecible.

Como vimos en el escrito anterior, el pecado introdujo el desorden. La armonía original se trocó en desequilibrio y tensión. Y el amor, ímpetu espontáneo del corazón, quedó herido y contrastado por una nueva fuerza de signo contrario: el egoísmo.
Muy pronto el egoísmo dio a luz su primer fruto ─y quizá el más amargo: la división. Y así, desde el mismo amanecer de la humanidad hasta el día de hoy, el hombre se siente dividido, lacerado por rupturas desgarradoras en todas sus dimensiones. El hombre se rebeló a Dios, inventó la guerra contra los demás, traicionó su propia integridad y, de paso, rompió el equilibrio de toda la creación.